Los salud de los bosques, un asunto vital para la economía

La deforestación de 13 millones de hectáreas anuales ha disparado un 12% las emisiones de efecto invernadero y ha llevado al Banco Mundial a plantear iniciativas de impulso al desarrollo forestal para proteger el medio ambiente.

Cada año desaparece una superficie forestal equivalente al tamaño de Grecia o Costa Rica, es decir, casi 13 millones de hectáreas por año en los últimos diez. La deforestación es una de las principales causas de la perdida de la biodiversidad, como consecuencia de la degradación o cambio de uso de esos terrenos. Aunque afortunadamente este ritmo es menor que en la década anterior, la degradación de las zonas tropicales mantiene un ritmo alarmante.

Desde el punto de vista medioambiental, los bosques son como un enorme sumidero de carbono de 289 gigatoneladas. En la biomasa forestal, la madera muerta, la hojarasca y el suelo se almacena una cantidad de carbono mayor que en toda la atmósfera. Por su parte, los incendios, las plagas y las enfermedades cada vez son más nocivos. Se calcula que el uno por ciento de la superficie forestal mundial se ve afectada cada año por los incendios forestales, las plagas dañan unos 35 millones de hectáreas y los daños por fenómenos climáticos extremos son incalculables.

Durante la reunión del Comité Forestal de la FAO (Fundación de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) celebrada en junio en Roma se ha insistido en que, debido al cambio climático, la detención de la deforestación ilegal es más urgente que nunca. La cubierta forestal, estimada en el 31 % de la superficie terrestre, se debería mantener e incluso aumentar en la medida de lo posible, defiende la organización.

Más de 1.000 millones de personas en el mundo dependen de los bosques. La FAO considera que combatir la deforestación ilegal es fundamental para la ordenación sostenible de los recursos naturales y para alcanzar los objetivos mundiales marcados a medio plazo: lograr que la agricultura, la actividad forestal y la pesca sean más productivas y sostenibles, por un lado, y aumentar la resistencia de la naturaleza ante las catástrofes naturales, por otro.

Partiendo de que la población mundial crecerá un tercio de aquí a 2050 y la producción agrícola tendrá que aumentar un 60%, los expertos temen que ese aumento se produzca a costa de los bosques, que desaparecerían para aumentar el terreno agrícola. En la lucha contra la deforestación ilegal habrá que combatir no sólo la mayor demanda de alimentos, sino también la degradación de los ecosistemas, la expansión del suelo agrícola y urbano y la creciente demanda de productos forestales vinculada al crecimiento de la población.

Parece evidente que la economía de los bosques requiere una reflexión profunda. Como defiende la FAO, hacer una planificación adecuada del uso de la tierra y combatir la explotación desmedida de los recursos es compromiso de todos.

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