Argentina: Cuidar los bosques para aumentar la rentabilidad

El emprendimiento de Sergio Quiroga Celiz sumó competitividad a través de la "Ley Bonasso".

Aumentar la producción y los ingresos y al mismo tiempo promover la conservación del medio ambiente y la biodiversidad. Sergio Quiroga Celiz, otro productor norteño que también participó del viaje a Australia, logró conciliar estas dos realidades, en apariencia opuestas, en "El Corralito", un emprendimiento de 2.930 hectáreas que tiene al oeste de Luján, en el paraje Baldecito de La Pampa. 

San Luis tiene 952 mil hectáreas en la categoría "verde", que permite reemplazar al bosque por cualquier tipo de cultivo.

La clave fue la llamada Ley de Bosques (también conocida como "Ley Bonasso"), con la que consiguió fondos para colocar alambrados perimetrales, picadas cortafuego, prevenir la erosión hídrica para evitar la pérdida de suelo, aplicar podas selectivas y desarrollar  infraestructura básica.

Hijo de padres puntanos, ambos del norte provincial, Quiroga Celiz recaló en estas tierras en 1987, un año después de obtener su título de ingeniero agrónomo en Córdoba. Algún detalle romántico recorre su biografía: su madre, de 87 años, es sobrina-nieta del historiador Juan W. Gez. "Yo soy la tercera generación dedicada al campo. Mi abuelo trabajaba la leña en los antiguos obrajes. En su momento este campo llegaba a unas 7 mil hectáreas de extensión", evocó el productor.

Antes de profundizar en el Plan de Conservación y Manejo de Bosques Nativos, Quiroga Celiz estuvo en el negocio de los feedlots durante 6 años y participó del grupo de Cambio Rural, como inversor en un pool de siembra, y del grupo ganadero GAMO, pero decidió apartarse por diferencias de enfoque.

"Era más de lo mismo. Todo pasaba por aumentar la producción física, es decir, los kilos de carne logrados por hectárea, de la mano de los índices reproductivos", contó. Pero la ganancia no era significativa, así que a corto plazo terminó vendiendo sus novillos.

Así, en 2010, llegó a la Ley de Bosques, que definió como un "cambio de paradigma" en el modelo de producción y en la apreciación de los recursos naturales. Sancionada en 2007 por el Congreso Nacional, esta ley busca regular la expansión de la frontera agropecuaria mediante el ordenamiento territorial de las áreas boscosas vírgenes. Se trata de un intento concreto para frenar el desmonte y la tala indiscriminada que genera no sólo un problema ambiental sino también social, cultural y económico.

Cada provincia realizó un estudio territorial y confeccionó un mapa cromático que define las áreas de degradación o conservación de sus bosques. La roja significa imposibilidad para el desmonte o la explotación; la amarilla, aprovechamiento sustentable del monte;  y la verde, posibilidad de reemplazar el bosque natural por cualquier cultivo.

Quiroga Celiz señaló las ventajas de San Luis, que tiene 952 mil hectáreas de zona verde, frente a, por ejemplo, Córdoba, que tiene cero.

Para acceder a los fondos que estipula la ley hay que presentar primero un plan de manejo, de acuerdo a la resolución 123, donde aparezcan plasmadas las acciones a realizar para conservar, mejorar o restituir los ambientes naturales. El propietario de "El Corralito" presentó su plan en 2011. Al año siguiente, la provincia firmó convenios con 15 productores privados y 10 entidades públicas para repartir $11.075.248 pesos destinados a costear proyectos que protejan al bosque nativo puntano.

De esta suma total, el establecimiento de Quiroga Celiz recibió $838.020 pesos, con una promesa de conservación a 20 años por parte del productor, quien a cambio también accedió a la ventaja de la exención de los ingresos brutos y el 75% de los impuestos inmobiliarios.

Tras la visita del Ministerio de Medio Ambiente, aprobaron el plan y entregaron la primera partida. "Esto signficó para mí, en cuestión de números, que ciertos costos que tenía, como el de apotreramiento o distribución de aguadas, lo obtuve a través de la ley del bosque. Incluso pude diagramar los senderos de interpretación para ambientalistas, productores y urbanos. O sea que yo, tenedor de vacas, pasé a tener en comparación una utilidad mayor y me volví más competitivo que otros campos similares", consideró.

El sello sustentable de la estancia es apreciable a simple vista: una densa y variadísima vegetación de quebrachos, algarrobos y otras especies autóctonas, la alfombra verde de pasturas naturales, las cercas construidas con ramas de descarte y alambre reciclado, y el omnipresente cantar de los pájaros, como única interrupción del majestuoso silencio.

Dar el próximo paso

A pesar de su hablar pausado y reflexivo, y sus referencias de aire romántico, Quiroga Celiz tiene los pies en la tierra y manifiesta una profunda convicción acerca del futuro financiero de su negocio: "A pesar de ser una cuestión muy novedosa no nos podemos quedar de brazos cruzados. Yo quiero estar primero en la maratón a nivel mundial de pagos por servicios ambientales", expresó. Y mencionó como ejemplo la posibilidad de ofrecer sus servicios a países del primer mundo como Estados Unidos y China para "limpiar su huella de carbono", la acumulación de "bonos verdes" como consecuencia de prácticas sustentables, y la medición de índices de conservación "canjeables" por dinero. 

"Si en la próxima cumbre, por ejemplo, exigen dejar de medir el desarrollo de los países por crecimiento de PBI y comienzan a utilizar como parámetro los costos ambientales, entonces Estados Unidos dejaría de estar en el podio y  en cambio un país chico como la Guyana Francesa vendría a ocupar su lugar".

Pero para posicionarse en el mundo con este emprendimiento, Quiroga Celiz tiene en claro que necesita la acreditación de organismos internacionales. "A nivel provincial tengo el aval del Ministerio de Medio Ambiente y en Nación ya me reconoce la Secretaría de Medio Ambiente. Por eso comencé a buscar otras certificaciones".

El año pasado entró en contacto con la Fundación Vida Silvestre, que desde 1971 trabaja en la conservación y desde 1987 tiene establecida una red de refugios. "En el país hay 16; yo aspiro a ser la número 17 y la primera de San Luis". En febrero, personal de la fundación visitó "El Corralito" y realizaron la clasificación de vegetación autóctona, avistaje de pájaros y de fauna silvestre. "Ahora me tienen que entregar el resultado para ver si podemos incluir este proyecto en la red. Son todas cosas que suman", comentó.

Como valor agregado, el productor participó de talleres de ecoturismo rural, para ver de qué modo podía encajar este emprendimiento en la oferta de servicios actual de la provincia. "Los productores tienen que saber que pueden dejar de desmontar y compensar por otro lado, en un proceso de armonía entre producción y conservación. No hay que elegir una o la otra, pueden ser las dos a la vez", concluyó.

Joomla SEF URLs by Artio